El vino en el arte, un patrimonio que debemos preservar

  • A lo largo de la historia ha habido una estrecha relación entre el vino y el arte, aunque podríamos decir que el vino en sí ya es una obra. La experimentamos cuando abrimos la botella, tomamos la copa y ella nos cuenta su historia a través de los aromas, sabores y expresiones.
  • Hoy quiero hablar específicamente de cómo esta bebida ha inspirado y ha acompañado las luces y sombras de tantos artistas, a la hora de crear y recrear sus obras.

Podríamos decir que muchos artistas han explorado la genialidad de sus mentes, inspirados por el vino. En esta búsqueda, muchos creadores han sido estereotipados y estigmatizados por la sociedad, al tiempo que se ha satanizado la idea de que una bebida alcohólica sea fuente de inspiración.

Tal vez sea porque al ser humano siempre le ha ganado el asombro ante el poder que tiene el vino para provocar un sinnúmero de emociones y sentimientos, que según la forma en que sean utilizados encuentran un fin positivo o negativo.

No en vano desde El Renacimiento, el pintor Leonardo Da Vinci nos invitaba a beber con moderación para disfrutar siempre de los efectos positivos que el consumo del vino proporciona al ser humano.

Con esas emociones y sentimientos que aflora el vino, un artista reinterpreta el mundo y transmite ese conocimiento en una creación que puede llamarse canción, pintura, dibujo, escultura, danza o audiovisual.

Ahora bien, no solo el vino ha sido un motor de inspiración luego de beberlo, también ha sido un referente para muchos artistas desde la antigüedad. Los egipcios plasmaron con sus jeroglíficos el cultivo, la recolección y el pisado de la uva, después los romanos y griegos representaron escenas de los cultos dionisíacos y los bacanales y siglos después se dieron paso las grandes obras, como la impresionante escultura de Miguel Ángel del Baco Ebrio; o la pintura icónica de Picasso con Las señoritas de Aviñón, que incluye un racimo de uvas a los pies de las famosas venus.

Quiero concluir con la invitación a tomar conciencia frente a la importancia del vino como patrimonio cultural, artístico y social, y su preservación de cara al disfrute de las nuevas y próximas generaciones. Espero que muchos artistas se vean inspirados en el arte que se gesta desde los primeros brotes de la uva, en su maduración, cosecha y elaboración del vino. Esta es una industria en evolución y crecimiento especialmente en Colombia, situación que puede ser favorecedora también en miras a nuevos proyectos artísticos.

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